Entradas

Mostrando entradas de marzo, 2013

Día de Pentecostés: El Fuego y Poder del Espíritu Santo

Imagen
Día De Pentecostés Y La Venida Del Espíritu Santo Estudio Bíblico: Hechos 2:1-4 Texto Áureo: Hechos 1:8 "Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra." Hay fechas en la historia de la redención que no son simples coincidencias del calendario. El día de Pentecostés es una de ellas: el momento exacto en que Dios decidió trasladar Su presencia del templo de piedra al corazón de cada creyente. Este estudio busca abrir, con reverencia y profundidad, lo que realmente ocurrió aquella mañana en Jerusalén y lo que sigue significando para la Iglesia de hoy. Introducción Histórica y Profética de Pentecostés Mucho antes de que los discípulos se reunieran en el Aposento Alto, Israel ya celebraba una fiesta llamada Shavuot, o Fiesta de las Semanas, instituida en Levítico 23 y Éxodo 34. Se conmemoraba exactamente cincuenta días después de la Pascua, ...

El Amor De Jesucristo A Precio De Sangre: Redención

Imagen
Estudio Bíblico: 1 Pedro 1:18-19 Texto Áureo: Romanos 5:8 Introducción: La dimensión incalculable del amor Ágape El amor humano, por noble que parezca, suele tener condiciones. Amamos a quien nos ama, a quien nos conviene, a quien merece nuestro afecto según nuestra medida. Pero existe un amor distinto, uno que no nació de nuestra dignidad sino de la gracia divina: el amor ágape . Romanos 5:8 lo describe con una claridad que estremece el alma: Cristo murió por nosotros siendo aún pecadores. No esperó a que fuéramos dignos. No condicionó Su entrega a nuestra transformación previa. Amó primero, y amó hasta derramar Su sangre. El hombre caído, por su propia cuenta, no tiene forma de saldar la deuda que el pecado ha generado ante la justicia de Dios. Ninguna obra, ningún esfuerzo moral, ninguna buena intención alcanza para comprar de vuelta lo que la desobediencia perdió. Se necesitaba un rescate que el hombre jamás podría pagar por sí mismo. I. El Costo de la Redención: No co...